lunes, 19 de noviembre de 2007


José María Cantú, muy al sur, dejaste este mundo el 12 de Noviembre. Extrañaremos tu cálida compañía, tu generosidad.

Así expresa Avelino Sordo, y yo lo suscribo, el recuerdo de este distinguido médico cirujano egresado de la UNAM en 1965, que se dedico a la investigación de la genética humana y que vivió, es un decir, en Guadalajara desde 1976.





Llegó a sus 68 años al nivel más alto como miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel III emérito. Fue el único representante de América Latina en el Consejo Mundial del Genoma Humano. Chema es uno de los pocos científicos mexicanos que han publicado en las mejores revistas de ciencia en el mundo; Science y Nature.









A los que lo vivimos de cerca, nos queda la impresión de que se nos fue prematuramente.
Más allá de sus méritos académicos que fueron plenos, Chema fue un gran médico humanista amante de la paz en el mundo, siempre tuvo claro que la ciencia debe servir a la armonía planetaria. Su carisma y liderazgo permitieron la formación de genetistas de solidez y prestigio que ahora, toman la estafeta.
Lo conocí hace más de 25 años, su bonhomía y sensibilidad conservadas hasta el último momento, le permitió hacer amigos a diestra y siniestra, generó también una que otra envidia desafortunada.
Deja el legado de un raro paradigma de científico interesado en las artes y en la filosofía. Recuerdo con cariño su influencia en el rigor de la ciencia, , pero también en otros centros humanos que permiten, según creo, a una persona ser más completa e íntegra, publicamos juntos varios trabajos.






Andarín del mundo, se la pasó media vida en los aviones, debido a que era reclamado por instituciones y personas que lo querían y necesitaban de su aporte. En un viaje a un congreso llevado a cabo en Australia, me tocó compartir su amable compañía de la que aprendí mucho, pero lo chusco es que al llegar al aeropuerto de Brisbane, fue detenido por las autoridades aduanales. Con sorpresa nos preguntamos la razón de este confinamiento. Resulta que Chema, como buen mexicano traía consigo, bolsitas de chile piquín que le fueron detectadas por los policías. Nos explicó después que siempre las llevaba, por lo insípido de la comida que solía encontrar fuera de su país.
En otra ocasión, me invitó a un curso de budismo donde el monje Yomio Tanaka nos instruyó de las nociones de esta manera de pensar tan diferente a la occidental, lo que me dio un invaluable nuevo punto de vista.
Con talante de caballero nos ayudó a defender nuestros trabajos de investigación en diferentes partes del mundo, para demostrar que la ciencia mexicana es tan valiosa como la mejor. Sus explicaciones a una científica inglesa acerca de la plasticidad neuronal que defendíamos, terminaron cautivándola.
Cuando era propicio hacíamos rondas bohemias hasta amanecer. De él me queda, el aroma de la ecuación de las olas del mar, su convicción de la convivencia, de que no hay vidas mejores o peores sino diferentes, el cine de Tarkovsky, y muchas inaprensibles cosas más.

Comentarios

Anónimo dijo...

Hola Alfonso

Agradezco el que compartas con generosidad el recuerdo de nuestro amigo CHEMA CANTÚ , nuestro querido y fino amigo Chema , ahora estará con nosotros con mayor fuerza , esa fuerza que genera la ausencia de los amigos con quienes se ha compartido algo y se quiere seguir la obra iniciada en la amistad hasta terminarla a nuestro gusto y de pronto la realidad inexplicable nos despierta y encontramos un libro inconcluso que deberemos terminar solos con la influencia invaluable de esas personas que han influído en nuestra vida y que ahora , al no encontrarlas físicamente , sus recuerdos y ejemplos nos hacen el favor de ejercitar nuestra memoria para rescatar sus ahora invaluables charlas , consejos y enseñanzas que sin ser concientes de lo fugaz de la vida y ante la facilidad de saber que por por ser amigos , y verlos con jovialidad , por ahí los volveremos a ver ó será fácil encontrar , y ese despertar en la realidad nos hacen ser concientes de nuestros deberes entre amigos , entre ellos el saber que cualquier encuentro y despedida pueden ser eso ... una triste despedida , que nos obligará a seguir la obra sin defraudar a los amigos que están por ahí y los que se han ido.

Por ahí nos veremos para comentar de esa amistad, ahora añorada.

Saludos

Daniel Vázquez.

20 de noviembre de 2007 6:33

Suprimir
Anónimo dijo...

Alfonso, qué texto tan evocador, el punto preciso entre nostalgia por el amigo y admiración por el científico, felicidades.


Saludos, Josué.

20 de noviembre de 2007 10:00

Suprimir
Anónimo dijo...

Estimado Alfonso. Gracias por compartir tu blog. No pude poner mi respuesta, pero te la envío por este medio. Es un escrito que se publicará en Tedium Vitae 6. Saludos y un abrazo, A.





JOSÉ MARÍA CHEMA CANTÚ, IN MEMORIAM

Alberto García Ruvalcaba



Cansa ser, duele sentir, pensar destruye. Esto escribió el poeta Fernando Pessoa, al que tanto admiraba Chema Cantú. No sé, sin embargo, si tan celebratoria línea se pueda poner al lado del nombre de Chema. No lo recuerdo padeciendo las vanidades de la melancolía. Era más bien —como buen norteño— noble, incansable, pragmático y llano. Pero algo había en la poesía del portugués que lo desarmaba.



Hace un par de meses estuve con él en Buenos Aires, donde convalecía. Recuerdo en particular una tarde en la que no pudo terminar de leernos aquel poema de Pessoa que acaba con la censura: “¡Ay de ti y de todos los que pasan la vida queriendo inventar la máquina de la felicidad!” Creo que se sintió dolorosamente aludido. Su nobleza lo llevó a creer, como al del poema, que “todos sufren, o la mayoría, con las cosas humanas por estar tal como están”, y que “si fueran diferentes sufrirían menos”.



Y es que Chema pasó los últimos 15 años de su vida dictando conferencias en los congresos y organismos internacionales de salud (los anteriores 30 en un laboratorio de genética). Su prestigio entre la comunidad internacional de genetistas se debió, además de a sus méritos de investigación (identificar, por ejemplo, el ahora conocido como “gen Cantú”), a sus posturas a favor de una medicina genómica para los pobres. Hay algo profundamente inmoral, sostenía frente a los científicos del primer mundo, en permitir que los laboratorios inviertan más en investigar el gen de la calvicie que el de la malaria. Acuñó incluso el término “paupericidio” para descalificar esas políticas liberales. En estos congresos era usual que el auditorio terminara de pie ovacionándolo y, créanlo, llorando conmovidos. En el 2006, por ejemplo, cientos de estudiantes de una universidad brasileña lo detuvieron durante más de una hora luego de que concluyera su intervención: hacían fila para tomarse una foto con él y abrazarlo.



Ahora creo que todo este tiempo que pasó recorriendo el mundo en congresos y comités de organismos internacionales (oms, icsu, hugo...), de Oslo a Nueva Delhi a Johannesburgo a Sidney..., sacudiendo conciencias en plena euforia del boom de la ciencia genética, haciendo notar que ese éxito suponía también responsabilidad hacia los países pobres, que se irían quedando cada vez más a la zaga..., buscaba precisamente que las cosas humanas fueran distintas de como son, que la gente sufriera menos. Buscaba, en pocas palabras, inventar la máquina de la felicidad de que hablaba Pessoa en el poema que, secretamente, había sido escrito para él, o para aquellos pocos como él.



Pero al igual que en aquella ocasión en que lo relevé de la lectura, quiero agregar hoy ya no para sus oídos —que no están más—, sino para los nuestros, que si la máquina de la felicidad no sirve más que para poner en marcha a personas extraordinarias como él, vale la pena seguir conservando el artificio. Los muy nobles, los que tienen el corazón limpio, libre de inquina y de burla, seguirán insistiendo en construirla a pesar de todo.

22 de noviembre de 2007 6:35